La historia de un rey

La historia de un rey

Mi abuelo era el patriarca de la familia, con 6 hijos y 11 nietos, junto con mi abuela era el centro de todo en mi casa. Su palabra era ley y su presencia destilaba respeto, era un hombre cariñoso a su manera, pero sobretodo fue el mejor esposo, padre y abuelo, y es por ello que despedirse nos rompe el corazón.

Mi abuelo era uno de mis lectores recurrentes, en varias oportunidades elogió mis entradas, y aunque su vocabulario y expresión eran incomparablemente mejores que los míos, apreciaba mi esfuerzo y se tomaba el tiempo de leerme. Es por eso que hoy le escribo este pequeño texto, después de meses de no hacerlo, encuentro en él la inspiración y motivación, porque al final de nuestra vida somos los recuerdos que perpetuamos en quienes nos aman.

Mi abuelo era el hombre más sabio que conozco, quizá es de abuelos serlo, pero él era el hombre de las mil historias. Tuvo tantas profesiones y vivió en tantos lugares que 28 años no me alcanzaron para poner en orden la secuencia de su vida. Disfrutaba pasar horas respondiendo mis preguntas más extrañas sobre su vida, y desglosar las finanzas y dilemas políticos de cada época y presidente que vivió.

Me decía “la barbie” y aunque lejos estoy de serlo, a sus ojos siempre lo fui. Mi abuelo era un hombre serio, pero nunca con sus nietos. Cuentan las leyendas de sus hijos que siempre inspiró respeto y a ellos a veces un poco de miedo, pero mi recuerdo vivo de él era su sentido del humor en medio de su seriedad. Amaba a su familia, nunca olvidó un sólo cumpleaños, y tenía una memoria que sólo pocos tienen a su edad, claro, también tenía sus despistes como a la hora de dar los regalos de navidad a su amigo secreto, pero no había competidor que igualara sus habilidades en los crucigramas.

Yo tuve la fortuna de disfrutar muchos años a mi abuelo en vida, a un hombre independiente hasta el último día, amante de la música vieja (o vieja para mí), de los animales, y del chicharrón y el aguardiente (antioqueño por supuesto) como buen paisa. Ojalá más personas hubieran tenido la dicha de escuchar sus cuentos pero a mi me queda la misión de perpetuar su historia, que es en parte mi historia.

Hasta que nos volvamos a encontrar. Descansa en Paz abuelito Papo.

Atentamente, Luisa.


Incomodarse, agradecer, reconocer, educarse y cambiar. 


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