De amor y odio: Tres años en Irlanda

De amor y odio: Tres años en Irlanda

Últimamente me ha costado mucho escribir, podría culpar a la falta de tiempo, pero la realidad es que ha sido en gran medida la falta de inspiración y motivación. Muchas cosas ocupan mi mente pero le temo a sentarme, escribirlas y tener que enfrentarlas. Sin embargo, esta semana cumplo tres años en Irlanda y tres años trabajando en Facebook por lo que me pareció meritorio hacer esta entrada.

A propósito de mis tres años en la Isla Verde puse una foto en Instagram agradeciéndole a Irlanda todo lo que me había dado. Una de mis mejores amigas se rió de mi publicación y me llamó mentirosa por las palabras que acompañaban mi agradecimiento por estos tres años. Y la verdad es que su punto es válido: por año y medio vivimos juntas y fue testigo de las lágrimas y malos sentimientos que entregué a este país. No puedo decir que soy su mayor fan, porque han sido muchos los momentos en los que he resentido estar aquí.

Sin embargo, son los años y no los daños los que le dan forma a los recuerdos, bien decía Gabriel García Márquez "la memoria del corazón elimina los malos recuerdos y magnifica los buenos, y gracias a ese artificio logramos sobrellevar el pasado". Después de tres años, ahora juego de local, me muevo como pez en el agua, y aunque siempre estoy descubriendo cosas nuevas, encuentro aquí la comodidad de un hogar. Tengo una familia lejos de casa, amigos que llenan mi alma y con quienes creo experiencias meritorias del más grande agradecimiento.

Irlanda fue el escenario donde viví momentos muy crudos, pero también me ha visto florecer y convertirme en una mejor versión de mi, una más enamorada de la vida y de aprender de todo cuanto pueda, me ha hecho enfrentar mis mayores miedos y encontrar en mí a la mejor aliada. Me presentó personas que se convirtieron en amigos y maestros de vida, y me acercó a quienes en la distancia fueron mi soporte.

No sé si en otros caminos paralelos de vida hubiera conocido a estas personas o hubiera aprendido tanto de mí, pero este fue el camino que seguí y por ello y por sus largos días de verano siempre estaré agradecida con la isla verde, mi exilio y mi paraíso.

"No siempre las cosas que uno desea llegan de la forma en que esperamos, pero son aquellas cosas las que tienen el poder de enseñarnos, detrás de la sorpresa, la posibilidad de ver más allá..." una lección que me dio uno de esos grandes amores.

Y como agradezco las lecciones que me ha dado Irlanda, una de las más grandes que me dejó ha sido la de reconocer lo que quiero y lo que no para mí vida, y es por ello que decido cerrar este ciclo, dejar la isla y emprender con otros vientos, quizá un tanto menos fuertes que los de aquí, y un poco más cerca de mis raíces.

Atentamente, Luisa.

Incomodarse, agradecer, reconocer, educarse y cambiar. 


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