La incomodidad de empezar de nuevo
Hay una gran parte de mi que idealizaba volver a escribir este blog, y luego, hay otra parte de mi que le da pavor. Sentarme a escribir cada semana implica tener que pensar en un tema nuevo, enfrentar a mi ya muy familiar síndrome del impostor, desechar la idea, y empezar de nuevo el proceso. Y por más que me gustaría hacer catarsis de mis temores al volver a escribir, esta entrada es en realidad acerca del sentimiento de empezar algo nuevo o retomar algo de nuevo.
Para quienes tuvieron la fortuna de leer este blog en pandemia, además de vivir conmigo los altibajos que todos enfrentamos en esa época que hoy parece tan lejana, también leyeron como, igual que muchos, me refugié en el ejercicio. Hacer cualquier tipo de actividad, y especialmente caminar diario por los bellos paisajes irlandeses por kilómetros y kilómetros, se volvió natural para mí. Fast forward, adelantándonos unos años, retomar el ejercicio ha sido una verdadera pesadilla. Quiero culpar a la falta de tiempo, a no tener una rutina clara, a cuanta mínima cosa en la que pueda pensar, pero la verdad es que empezar algo de nuevo (o nuevo) es muy MUY incómodo.
Cuando algo es completamente nuevo, la incomodidad de ser vulnerables y enfrentarnos a la idea que podríamos fallar en esa expedición, muchas veces nos limita a hacerlo. El miedo quizá a ser juzgados, vernos expuestos, a no ser buenos, a defraudar o defraudarnos, hace que intentarlo llegue a ser difícil. Y cuando se trata de retomar algo que alguna vez probamos, puede ser ese mismo miedo a fallar o quizá sea recordar ciertas emociones o sentimientos que experimentamos antes lo que nos impide hacerlo. En mi caso, recordar el dolor de las primeras semanas en el gimnasio, o saber que tengo que comprometerme con mis horarios y levantarme cada mañana a hacerlo, o en el caso de escribir, volver a sentarme con mi amigo el síndrome del impostor que me cuestiona todas y cada una de las letras que pongo en el papel, son los pensamientos que me ayudan a idear las excusas perfectas para no hacerlo. Y vaya que soy creativa, créanme cuando les digo que si encuentro las palabras para poner aquí, no me hacen falta para inventarme pretextos.
Hay un capítulo de mi vida (que dará largas horas a este blog), el largo año trabajando con mi coach, en el que aprendí a evitar autosabotearme, y aunque tuviera mil y un millón de excusas para no sentarme a escribir una entrada más, con todo y el miedo, con todo y la incomodidad y la vulnerabilidad, encontré las herramientas para hacerlo.
Se trata de reconocer las excusas como excusas, entender que son un mecanismo de defensa para evitar afrontar miedos o creencias que vienen detrás, el miedo a fallar, la creencia de que a nadie le va a interesar lo que tenga por decir, el miedo a no ser perfecta o la mejor en lo que intento, el miedo a la burla por supuesto. Pero entendí que no quería regalarle a esos miedos mis ganas de hacer lo que disfruto, o al menos de reírme fallando al intentarlo. Y aunque es una lucha constante esa incomodidad y no tengo la fórmula infalible, y aunque aun no regreso al gym, quiero intentarlo, un miedo a la vez.
Y quizá esta entrada tenga mucho sentido para mí porque tengo (medio) claro qué cosas temo empezar o retomar, pero me niego a creer que sea la única cobarde 🙈, la única que posterga y procrastina. Y si mi teoría es correcta, espero esta entrada te haga pensar qué es eso que estás evitando sentir, y sea el mensaje que necesitas para empezar o retomar un negocio, un trabajo, un hobbie, una rutina, un libro, o lo que sea en lo que estes pensando.